En esta clase se presenta el “Diseño Universal de Aprendizaje”. Para introducir al tema se presenta un video de un niño ciego que tenía que realizar una tarea sobre el color de las flores. Es un sinsentido que se le pida a una persona que ha nacido ciega que escriba sobre los colores. En este caso, el objetivo del aprendizaje no se cumple puesto que la percepción del color no es una experiencia que se relacione con otras experiencias anteriores del niño.
Es interesante de todas formas ver cómo el niño trata de acomodar su tarea a lo que sí puede percibir, rellenando el resto con sus ideas sobre los colores.
El “Diseño Universal de Aprendizaje” (DUA) plantea que las dificultades que se puedan presentar en el aprendizajes son barreras del entorno de las personas y no son barreras de la persona misma. Esta comprensión de la educación quita el foco de la patologización de los niños y niñas y lo pone en el ambiente. Desde nuestra perspectiva, un enfoque patologizador es bastante funcional para el sistema actual, el cual no pone el foco en facilitar el aprendizaje de niños y niñas, sino que se sitúa el problema en la persona.
Entender que las barreras se encuentran en el entorno no sólo aleja la “responsabilidad” de la persona, sino que además abre una variada gama de opciones que podrían facilitar el aprendizaje. Identificar barreras y trabajar en su disminución y en el aumento de los facilitadores muestra que es posible hacer un cambio que favorezca el proceso educativo de todos y todas los y las estudiantes.
Actualmente los planes y programas que se aplican en nuestro país son muy rígidos y no contemplan la diversidad de procesos de aprendizaje por los que pasan los distintos y distintas estudiantes y las características individuales de ellos y ellas.
Es interesante de todas formas ver cómo el niño trata de acomodar su tarea a lo que sí puede percibir, rellenando el resto con sus ideas sobre los colores.
El “Diseño Universal de Aprendizaje” (DUA) plantea que las dificultades que se puedan presentar en el aprendizajes son barreras del entorno de las personas y no son barreras de la persona misma. Esta comprensión de la educación quita el foco de la patologización de los niños y niñas y lo pone en el ambiente. Desde nuestra perspectiva, un enfoque patologizador es bastante funcional para el sistema actual, el cual no pone el foco en facilitar el aprendizaje de niños y niñas, sino que se sitúa el problema en la persona.
Entender que las barreras se encuentran en el entorno no sólo aleja la “responsabilidad” de la persona, sino que además abre una variada gama de opciones que podrían facilitar el aprendizaje. Identificar barreras y trabajar en su disminución y en el aumento de los facilitadores muestra que es posible hacer un cambio que favorezca el proceso educativo de todos y todas los y las estudiantes.
Actualmente los planes y programas que se aplican en nuestro país son muy rígidos y no contemplan la diversidad de procesos de aprendizaje por los que pasan los distintos y distintas estudiantes y las características individuales de ellos y ellas.
La integración en los establecimientos educacionales divide a los y las que “son capaces” de quienes “no son capaces”. Esto podría repercutir en el desarrollo de una imagen de sí mismo o de una imagen de sí misma como un niño o una niña problema que le va mal en el colegio y hasta que es incapaz. Sin embargo, desde un enfoque de inclusión se entiende que todos y todas necesitamos de ayudas de distintos tipos en distintos momentos de nuestro proceso educativo.
Flexibilizar la educación entrega mayores posibilidades de aprendizajes para las personas. Es importante destacar que ello no sólo repercute en los contenidos que aprenden, sino cómo se perciben a sí mismos y a sí mismas y cómo se perciben en relación a sus pares.
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