martes, 27 de septiembre de 2016

Ficha Bibliográfica Unidad 2 “La atención a los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales”. María Luisa Galán y Gerardo Echeita



    
    
    

      El concepto de necesidades educativas especiales (n.e.e.) nace siendo una especie de anticategoría, es decir, era usado para referirse a un grupo común de alumnos/as que requerían atenciones educativas especiales. Con el tiempo se ha convertido en una macrocategoría usada para referirse a los alumnos/as que se encuentran en situación de “discapacidad, trastornos graves de conducta y (…) aquellos dificultades de aprendizaje significativas” (Galán y Echeita, 2011, p. 1).
            En la primera mitad del siglo XX, se pensaba que, quienes actualmente serían categorizados como alumnos/as con necesidades educativas especiales, no eran educables. En la segunda mitad de dicho siglo, bajo los pensamientos de la psicología conductista y la posición ambientalista, crecieron las escuelas especiales apoyadas en la idea de que la conducta es modificable por el entorno, por ende, los alumnos/as con n.e.e. podrían modificar su conducta, pero parcialmente. En los años 70’s comienzan a desarrollarse los principios de normalización e integración, de manera que se les empieza a ver como ciudadanos con los mismos derechos a tener una vida “normal”.
            En 1974 en Reino Unido se realiza el Informe Warnock a cargo del Comité de Investigación sobre la Educación de Niños y Jóvenes Deficientes. Este modelo todavía es usado en dicho país, con algunas modificaciones. Dentro de sus principios se destacan los siguientes:
-          Ningún niño se puede considerar como ineducable.
-                                 La educación debe perseguir los mismos fines para todos. Se considera que los niños/as tienen necesidades educativas comunes y también específicas para cada niño/a.
-          Se rechaza el concepto de deficiente y el de no deficiente.
-          Se considera que cualquier niño puede requerir ayuda especial, lo que no implica una discapacidad.
-          Se revoca la categoría legal “alumnos deficientes”.
-          Se propone la necesidad de un proceso de evaluación psicopedagógica para evitar la arbitrariedad en la clasificación.
Se amplía la visión de las n.e.e. se las muestra de manera más positiva. Este enfoque se vincula al de desarrollo humano, es decir, se pasa de una visión evolutiva a una en donde se considera las redes de interacciones. La perspectiva constructivista colaboró también en que se le diera mayor relevancia al rol y el aporte del profesorado dentro del contexto educativo.
En relación al “Efecto Warnock” la UNESCO en 1994 realizó una Conferencia Mundial sobre las Necesidades Educativas Especiales. Esta incorpora el desarrollo de la “atención a la diversidad”. Dentro de los puntos más relevantes a destacar se encuentran:
-          Visión más amplia del concepto de n.e.e.
-          Integración/inclusión como parte relevante de la política educativa.
-          Vincular los progresos significativos sobre las .e.e. con reformas globales.
Todo lo anterior colaboró con un cambio en el concepto de n.e.e., de manera que la ayudas o ajustes educativos vayan dirigidos a todos los alumnos/as vulnerables que requieran apoyo al menos una vez en su proceso educativo, no sólo quienes tienen discapacidad. A pesar de que el concepto se amplía, sigue estando enfocado en un grupo específico de alumnos (en condición de discapacidad).
Es por esto que se sugiere comprender el concepto desde una mirada crítica, pues el uso de este sigue aludiendo a normales y menos normales. De hecho la misma creadora del informe Warnock (Mary Warnock) destaca la complejidad de distinguir qué significa necesidad especial y quién la tiene.
Continuar usando el término esconde la discriminación, refuerza la visión individualista del fenómeno (el problema es el alumno/a), lo que oculta su aspecto sociocultural y la interacción que caracteriza los proceso educativos.
De esta forma etiquetar a los alumnos/as, por un lado, limita su desarrollo ya que los profesores/as tienen menores expectativas, lo que podría dificultar el desarrollo pleno de sus capacidades/habilidades y, por otra parte, deja de lado las dificultades y las consecuentes ayudas que podrían necesitar quienes no cuenten con dicha etiqueta.
A pesar de los reparos que se pueda tener, este concepto se utiliza en la actualidad. Por lo que los autores proponen usarlo, pero de manera crítica.
Dentro de la atención a las n.e.e. se destaca el rol de orientadores. Su labor se relaciona, por una parte, con las decisiones de la modalidad de escolarización. Esta implica una evaluación psicopedagógica para asegurar que la clasificación no se realice de manera arbitraria. Para tomar alguna decisión con respecto al niño/a se espera que participen del proceso orientadores, profesores, familia y el niño/a. Muchas veces la demanda de evaluación proviene de un presupuesto de que el niño/a tiene un problema, por lo que hay que ser muy cuidadoso/a cuando se realice. “La evaluación psicopedagógica se convierte, entonces, en un trámite burocrático para justificar una decisión prácticamente tomada de antemano”. (Galán y Echeita, 2011, p. 14).
Otra de las labores que realiza el orientador/a es el asesoramiento de los procesos educativos. Para ello se deben reconocer las “barrera para la presencia, el aprendizaje y la participación” (Galán y Echeita, 2011, p. 15). Esto implica,  por un parte, recoger las necesidades individuales de alumnos/as para realizar adaptaciones individualizadas de acceso o curriculares.
Por otra parte, para comprender cómo está funcionando un centro educativos se utilizan instrumentos como el Index for Inclusion. Esta es una autoevaluación sobre “facilitadores o barreras para la presencia, el aprendizaje y la participación” (Galán y Echeita, 2011, p. 20). Dentro de las dimensiones que recoge el Index se encuentra la Cultura (valores inclusivos), Políticas (medidas de organización y funcionamiento) y Prácticas (la interacción en el aula de las dimensiones anteriores).
Situarse desde esta perspectiva sirve como estímulo para el desarrollo de mejores procesos educativos no sólo para los n.e.e, sino para todo el alumnado.

Comentario: La visión crítica del concepto nos ayuda a visibilizar la discriminación y los efectos “negativos” que podrían generar su uso, y las consecuencias que dicho uso tiene en el contexto escolar. Creo que uno de los aspectos más graves del concepto es la estigmatización de los niños/as etiquetados con n.e.e. debido a que no sólo limita su desarrollo, sino que los y las separa del resto de sus compañeros/as, además de desarrollar una imagen negativa de sí mismo/a.


Referencias

Galán, M. y Echeita, G. (2011). La atención a los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales. En Martín, M y Mauri, T. (Ed.) (2011). Orientación Educativa. Atención a la diversidad y educación inclusiva (pp. 107-126). Barcelona: Graó.

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